EL MISTERIO
Por Ivo Marrochi

Ahora, que con prontitud
mi tiempo corre a su final
se erige el alma en una única pregunta:
cuál verdad me ha llegado más profunda.

Viven en mi memoria
los surcos cuajados de semillas
suavizadas con ternuras
del tiempo y sus caminos.

Mis ojos recorren tierras devastadas
que no pueden distinguirse por la niebla.
Como esos retoños del futuro
que doran la semilla tan deseada.

¿Fueron suficientes los nutrientes y cuidados?
¿O quizá perdió su fuerza
el afán de arrancarme la soberbia y la ignorancia? © LA GACETA